jueves, febrero 28, 2008
All you need is love
Nadie necesita explicación de que es el odio. Todos sabemos lo que es, lo que se siente cuando la razón se nubla (todos los sentimientos nublan la razón) y genera el odio. Por qué nadie puede explicar lo que es el amor? El odio, es odio desde que nace hasta que muere. ¿Por qué el amor tiene etapas? El odio no tiene reglas…¿Por qué el amor si? Hay más tácticas y estrategias en el amor que en un partido de TEG. Si es tan libre, tan puro, tan de uno…¿porque se lo conoce como un juego? ¿El amor tiene fecha de vencimiento? Si ningún sentimiento es eterno…tampoco el amor… Quizás el problema del amor, es que se lo ve como un sentimiento…¿y si es una enfermedad que no tiene cura, que se transmite solo con miradas? Si lo tratamos como una enfermedad, lo estaremos tratando bien? Hay que curar el Desamor, no el amor ahora que pienso… Volviendo a las miradas…el tan populacho “amor a primera vista” eso q se llama “enamoramiento”, no es amor? ¿ No será ese el amor en su esencia más pura? Ese momento en que ves a alguien (o algo) rodeado de lucecitas de neon… donde la mirada es tan directa…cuando eso se pierde nunca mas se puede volver a mirar a alguien o algo con esa magia. Podes regenerar el sentimiento, que ya no va a ser puro… va a ser tratado, manufacturado y trangénico…va a ser una sopa quik (del gusto del que el consumidor lo desee)…ese sentimiento regenerado es amor? ¿Por qué no podemos aceptar al “amor” (ya a esta altura lo pongo entre comillas) en su estado natural? Si estamos en la etapa mundial de lo sano y natural…porque cada vez menos pueden consumir amor puro? De seguro tiene que ver con los emisores y receptores… ¿Por qué decir te amo suena fuerte y asusta? El “Te amo” no es compromiso de nada, o si? ¿Será que el receptor lo ve como un contrato de palabra? ¿O simplemente es que no estamos receptivos en este momento? ¿Por qué solo nos interesa recibir amor de algunos y de otros no tanto? ¿Por qué más de la mitad de las veces que pensamos, estamos o suponemos estar enamorados nos sacan menos sonrisas de las que debería? Complicamos tanto al sentimiento que no lo dejamos ser, es como germinar un poroto y asfixiarlo antes de que la maestra lo vea… Nos tomamos demasiado tiempo para ver si es amor…si es correspondido (¿Por qué tiene que ser correspondido siempre? Si la posibilidad de sentirlo y decirlo es de uno, y eso ya es suficiente) Hay que liberar el sentimiento ya sea amor, o sus ramificaciones en el momento que uno pueda o generalmente el alcohol ayude, porque no sabemos cuanto lo vamos a sentir así. El amor, si es un sentimiento, una patología o algún corno inexplicable…algo que no tiene fecha de vencimiento, algo que lo matamos nosotros mismos, el amor no muere, ¿se mata? Quizás el amor es un desaparecido de esta Era… En fin, también podemos pensar que Cupido se cago el pañal, se entrego a las drogas, es un borracho de plaza Constitución, que se metió todas las flechas en el culo y que ahora ya recuperado y siempre acompañado de un buen pedazo de dulce de membrillo tira sus flechas cagadas a nosotros… Se volvió tan complicado amar, que es mas fácil odiar…¿El odio es un amor no correspondido? El famoso dicho “En el amor y en la guerra todo vale”, es mentira…¿Qué vale? Si en la guerra nadie vale nada, si se muere gente porque si y porque no…si el amor es puro y la guerra un desamor. No vale todo, porque no se busca lo mismo…si ambos tienen reglas no todo vale…o peor, o mejor (en realidad no se) Vale todo, pero pocos rompen las reglas y los que las rompen se vuelven marginados en el amor…los expulsan del juego. Y si es un arte amar…le seguimos poniendo técnicas que el amor no tiene…las técnicas del arte poco se aplican al "amor", si le ponemos técnicas lo hacemos un sentimiento que nunca va a mear fuera del tarro…cuando lo que mas enloquece del amor es q mee fuera del tarro.
miércoles, febrero 20, 2008
Viajar para seguir
Ya llegué. Todo terminó. Acá me trajo esta vida, vida puta, por cierto, algunos la llaman destino, no sé. Para poder seguir adelante el psicólogo me recomendó que me fuera a otro lugar donde no me atormentaran los recuerdos, yo me sentía responsable por la desaparición de Bruno.
Compartíamos todo, nos conocemos hace un montón, creo que nacimos siendo amigos.
Cuando éramos chicos íbamos a jugar al sótano de una casa vieja, que estaba al final de la calle. El olor a humedad que había era insoportable, pero Bruno insistía con que juguemos en ese lugar, -ya se te va a acostumbrar la nariz- me decía y yo le seguía el carro.
En ese sótano paso de todo, hasta nos disfrazábamos con ropas de nuestros abuelos, sombreros, botas, alguna que otra peluca, la pasábamos genial. También allí paso nuestro primer acercamiento con el sexo opuesto, teníamos unos doce o trece años. Con Bruno mi vecino y amigo, compartíamos todo.
Recuerdo el día de nuestra Primera Comunión, él estaba súper nervioso. La madre le había puesto en el brazo un moño blanco gigante. Apenas terminó la ceremonia, el moño voló por los aires y salimos a repartir las estampitas, no entendíamos bien por que nos daban plata, pero nosotros la agarrábamos igual.
Con lo que juntamos ese día, con Bruno mi vecino y mejor amigo, compramos una bicicleta para los dos, no se podía comprar una para cada uno. Como a mí me gustaba mucho andar en bicicleta, Bruno accedió a mi propuesta de comprar una. Al principio no estaba muy de acuerdo, pero creo que lo hizo para verme feliz. Me la pasaba hablando de bicicletas, mi abuelo era corredor, él decía que lo llevaba en la sangre al gusto por las dos ruedas.
Para repartirnos el vehículo tirábamos la moneda y no había ningún tipo de discusión, al que le tocaba primero, le tocaba primero.
La usamos un par de veranos, después nos empezó a quedar chica y la dejamos en el garage de la casa de Bruno, él había aportado mas plata y era justo. Uno de los primeros veranos sin la bici, la cual yo extrañaba, conocimos a unas chicas, al principio parecían buenas, agradables, fuimos amigos y eso derivó en nuestros primeros noviazgos, con los cuales nos dimos cuenta, con Bruno, mi vecino y mejor amigo, que no es fácil entender a las mujeres.
Es incansable la cantidad de noches que pasábamos juntos, que lindos momentos, los sábados de borrachera. Recuerdo la primera vez que salimos a bailar, el se tomó hasta el agua de los floreros y no paraba de decirme que me quería y de preguntarme si me sentía bien. Al día siguiente no se acordaba de nada y yo tenía que hablar con la madre para que no se diera cuenta del estado de su hijo.
Que personaje, también le gustaba juntar perros de la calle; un día la madre enloqueció y le dijo que no quería ningún animal mas en su casa, pero eso no lo detuvo, le llevaba comida al lugar donde estuviese algún perro vagabundo. Eso lo hacía tan feliz como a mi andar en bicicleta, así me lo explicaba cuando le preguntaba por que lo hacía.
Ahora tengo veinte años. Todavía recuerdo ese día. Me desperté, sentí un frío que me corrió por la espalda, pensé que estaba fresco y me puse una remera. Me levanté, saludé a mi familia. El día estaba un poco gris, el sol se colaba entre las nubes de julio. El olor a café y a tostadas eran característicos de las mañanas en casa. Bruno desayunaba con su mamá. Solo tomaban un par de mates, como decía él.
Termine de desayunar, me cambié, hice las cosas que me mando a hacer mi vieja y decidí pasar por la casa de Bruno, mi vecino y mejor amigo. Cuando llegué, toque timbre, nadie salió, entonces fui por la puerta de atrás, tal vez, todavía estarían durmiendo. Cuando entré vi a la mamá de Bruno con el teléfono en la oreja y con ojos llorosos, me miró, colgó el teléfono y me dio la noticia más inesperada, “-Bruno ya no esta, esta muerto-“. Esas palabras, las cuales no comprendí en el momento, se llevaban una parte de mí, de mi vida, de mi historia.
Era Bruno, mi vecino y mejor amigo el que ya no estaba, el que se fue sin decir adiós.
Una vez que paso el funeral, quise saber que fue exactamente lo que había pasado. Creo que fue más doloroso pero era la verdad de lo que había pasado. Bruno, mi vecino y mejor amigo, quiso hacerme un regalo, juntó la plata durante meses, eso dijo la madre, pero yo creo que fue mas tiempo. Cuando junto lo necesario para el regalo, fue a comprarlo, iba a comprar dos bicicletas, una para cada uno, así no tendríamos que tirar la moneda como cuando éramos pibes. Yendo a la bicicletería lo asaltaron, él se resistió y lo apuñalaron. Murió en el instante.
Seguro que se resistió por que en verdad me quería regalar la bicicleta, él siempre decía que cuando lo asaltan a uno, no hay que resistirse, hay que darles todo lo que tengas, pero por que lo hizo, ¿Por qué?.
Ahora estoy en España, un poco mejor, tratando de seguir, pero jamás voy a olvidar a Bruno, mi vecino y mejor amigo.
Compartíamos todo, nos conocemos hace un montón, creo que nacimos siendo amigos.
Cuando éramos chicos íbamos a jugar al sótano de una casa vieja, que estaba al final de la calle. El olor a humedad que había era insoportable, pero Bruno insistía con que juguemos en ese lugar, -ya se te va a acostumbrar la nariz- me decía y yo le seguía el carro.
En ese sótano paso de todo, hasta nos disfrazábamos con ropas de nuestros abuelos, sombreros, botas, alguna que otra peluca, la pasábamos genial. También allí paso nuestro primer acercamiento con el sexo opuesto, teníamos unos doce o trece años. Con Bruno mi vecino y amigo, compartíamos todo.
Recuerdo el día de nuestra Primera Comunión, él estaba súper nervioso. La madre le había puesto en el brazo un moño blanco gigante. Apenas terminó la ceremonia, el moño voló por los aires y salimos a repartir las estampitas, no entendíamos bien por que nos daban plata, pero nosotros la agarrábamos igual.
Con lo que juntamos ese día, con Bruno mi vecino y mejor amigo, compramos una bicicleta para los dos, no se podía comprar una para cada uno. Como a mí me gustaba mucho andar en bicicleta, Bruno accedió a mi propuesta de comprar una. Al principio no estaba muy de acuerdo, pero creo que lo hizo para verme feliz. Me la pasaba hablando de bicicletas, mi abuelo era corredor, él decía que lo llevaba en la sangre al gusto por las dos ruedas.
Para repartirnos el vehículo tirábamos la moneda y no había ningún tipo de discusión, al que le tocaba primero, le tocaba primero.
La usamos un par de veranos, después nos empezó a quedar chica y la dejamos en el garage de la casa de Bruno, él había aportado mas plata y era justo. Uno de los primeros veranos sin la bici, la cual yo extrañaba, conocimos a unas chicas, al principio parecían buenas, agradables, fuimos amigos y eso derivó en nuestros primeros noviazgos, con los cuales nos dimos cuenta, con Bruno, mi vecino y mejor amigo, que no es fácil entender a las mujeres.
Es incansable la cantidad de noches que pasábamos juntos, que lindos momentos, los sábados de borrachera. Recuerdo la primera vez que salimos a bailar, el se tomó hasta el agua de los floreros y no paraba de decirme que me quería y de preguntarme si me sentía bien. Al día siguiente no se acordaba de nada y yo tenía que hablar con la madre para que no se diera cuenta del estado de su hijo.
Que personaje, también le gustaba juntar perros de la calle; un día la madre enloqueció y le dijo que no quería ningún animal mas en su casa, pero eso no lo detuvo, le llevaba comida al lugar donde estuviese algún perro vagabundo. Eso lo hacía tan feliz como a mi andar en bicicleta, así me lo explicaba cuando le preguntaba por que lo hacía.
Ahora tengo veinte años. Todavía recuerdo ese día. Me desperté, sentí un frío que me corrió por la espalda, pensé que estaba fresco y me puse una remera. Me levanté, saludé a mi familia. El día estaba un poco gris, el sol se colaba entre las nubes de julio. El olor a café y a tostadas eran característicos de las mañanas en casa. Bruno desayunaba con su mamá. Solo tomaban un par de mates, como decía él.
Termine de desayunar, me cambié, hice las cosas que me mando a hacer mi vieja y decidí pasar por la casa de Bruno, mi vecino y mejor amigo. Cuando llegué, toque timbre, nadie salió, entonces fui por la puerta de atrás, tal vez, todavía estarían durmiendo. Cuando entré vi a la mamá de Bruno con el teléfono en la oreja y con ojos llorosos, me miró, colgó el teléfono y me dio la noticia más inesperada, “-Bruno ya no esta, esta muerto-“. Esas palabras, las cuales no comprendí en el momento, se llevaban una parte de mí, de mi vida, de mi historia.
Era Bruno, mi vecino y mejor amigo el que ya no estaba, el que se fue sin decir adiós.
Una vez que paso el funeral, quise saber que fue exactamente lo que había pasado. Creo que fue más doloroso pero era la verdad de lo que había pasado. Bruno, mi vecino y mejor amigo, quiso hacerme un regalo, juntó la plata durante meses, eso dijo la madre, pero yo creo que fue mas tiempo. Cuando junto lo necesario para el regalo, fue a comprarlo, iba a comprar dos bicicletas, una para cada uno, así no tendríamos que tirar la moneda como cuando éramos pibes. Yendo a la bicicletería lo asaltaron, él se resistió y lo apuñalaron. Murió en el instante.
Seguro que se resistió por que en verdad me quería regalar la bicicleta, él siempre decía que cuando lo asaltan a uno, no hay que resistirse, hay que darles todo lo que tengas, pero por que lo hizo, ¿Por qué?.
Ahora estoy en España, un poco mejor, tratando de seguir, pero jamás voy a olvidar a Bruno, mi vecino y mejor amigo.
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