miércoles, febrero 20, 2008

Viajar para seguir

Ya llegué. Todo terminó. Acá me trajo esta vida, vida puta, por cierto, algunos la llaman destino, no sé. Para poder seguir adelante el psicólogo me recomendó que me fuera a otro lugar donde no me atormentaran los recuerdos, yo me sentía responsable por la desaparición de Bruno.
Compartíamos todo, nos conocemos hace un montón, creo que nacimos siendo amigos.
Cuando éramos chicos íbamos a jugar al sótano de una casa vieja, que estaba al final de la calle. El olor a humedad que había era insoportable, pero Bruno insistía con que juguemos en ese lugar, -ya se te va a acostumbrar la nariz- me decía y yo le seguía el carro.
En ese sótano paso de todo, hasta nos disfrazábamos con ropas de nuestros abuelos, sombreros, botas, alguna que otra peluca, la pasábamos genial. También allí paso nuestro primer acercamiento con el sexo opuesto, teníamos unos doce o trece años. Con Bruno mi vecino y amigo, compartíamos todo.
Recuerdo el día de nuestra Primera Comunión, él estaba súper nervioso. La madre le había puesto en el brazo un moño blanco gigante. Apenas terminó la ceremonia, el moño voló por los aires y salimos a repartir las estampitas, no entendíamos bien por que nos daban plata, pero nosotros la agarrábamos igual.
Con lo que juntamos ese día, con Bruno mi vecino y mejor amigo, compramos una bicicleta para los dos, no se podía comprar una para cada uno. Como a mí me gustaba mucho andar en bicicleta, Bruno accedió a mi propuesta de comprar una. Al principio no estaba muy de acuerdo, pero creo que lo hizo para verme feliz. Me la pasaba hablando de bicicletas, mi abuelo era corredor, él decía que lo llevaba en la sangre al gusto por las dos ruedas.
Para repartirnos el vehículo tirábamos la moneda y no había ningún tipo de discusión, al que le tocaba primero, le tocaba primero.
La usamos un par de veranos, después nos empezó a quedar chica y la dejamos en el garage de la casa de Bruno, él había aportado mas plata y era justo. Uno de los primeros veranos sin la bici, la cual yo extrañaba, conocimos a unas chicas, al principio parecían buenas, agradables, fuimos amigos y eso derivó en nuestros primeros noviazgos, con los cuales nos dimos cuenta, con Bruno, mi vecino y mejor amigo, que no es fácil entender a las mujeres.
Es incansable la cantidad de noches que pasábamos juntos, que lindos momentos, los sábados de borrachera. Recuerdo la primera vez que salimos a bailar, el se tomó hasta el agua de los floreros y no paraba de decirme que me quería y de preguntarme si me sentía bien. Al día siguiente no se acordaba de nada y yo tenía que hablar con la madre para que no se diera cuenta del estado de su hijo.
Que personaje, también le gustaba juntar perros de la calle; un día la madre enloqueció y le dijo que no quería ningún animal mas en su casa, pero eso no lo detuvo, le llevaba comida al lugar donde estuviese algún perro vagabundo. Eso lo hacía tan feliz como a mi andar en bicicleta, así me lo explicaba cuando le preguntaba por que lo hacía.
Ahora tengo veinte años. Todavía recuerdo ese día. Me desperté, sentí un frío que me corrió por la espalda, pensé que estaba fresco y me puse una remera. Me levanté, saludé a mi familia. El día estaba un poco gris, el sol se colaba entre las nubes de julio. El olor a café y a tostadas eran característicos de las mañanas en casa. Bruno desayunaba con su mamá. Solo tomaban un par de mates, como decía él.
Termine de desayunar, me cambié, hice las cosas que me mando a hacer mi vieja y decidí pasar por la casa de Bruno, mi vecino y mejor amigo. Cuando llegué, toque timbre, nadie salió, entonces fui por la puerta de atrás, tal vez, todavía estarían durmiendo. Cuando entré vi a la mamá de Bruno con el teléfono en la oreja y con ojos llorosos, me miró, colgó el teléfono y me dio la noticia más inesperada, “-Bruno ya no esta, esta muerto-“. Esas palabras, las cuales no comprendí en el momento, se llevaban una parte de mí, de mi vida, de mi historia.
Era Bruno, mi vecino y mejor amigo el que ya no estaba, el que se fue sin decir adiós.
Una vez que paso el funeral, quise saber que fue exactamente lo que había pasado. Creo que fue más doloroso pero era la verdad de lo que había pasado. Bruno, mi vecino y mejor amigo, quiso hacerme un regalo, juntó la plata durante meses, eso dijo la madre, pero yo creo que fue mas tiempo. Cuando junto lo necesario para el regalo, fue a comprarlo, iba a comprar dos bicicletas, una para cada uno, así no tendríamos que tirar la moneda como cuando éramos pibes. Yendo a la bicicletería lo asaltaron, él se resistió y lo apuñalaron. Murió en el instante.
Seguro que se resistió por que en verdad me quería regalar la bicicleta, él siempre decía que cuando lo asaltan a uno, no hay que resistirse, hay que darles todo lo que tengas, pero por que lo hizo, ¿Por qué?.
Ahora estoy en España, un poco mejor, tratando de seguir, pero jamás voy a olvidar a Bruno, mi vecino y mejor amigo.

No hay comentarios:

Rotos, o no tanto...

  ¿Es la vida la que te aleja de las personas? ¿O acaso son sus actitudes las que te hacen ver que al final de cuentas, uno no es tan import...